cistouretrografía que revela una estenosis en la porción posterior de la uretra

La uretrografía: el «mapa» de su uretra… y por qué no cualquier mapa sirve

Si su urólogo le pidió una uretrografía (también llamada cistouretrografía o «placa con contraste»), es normal tener dudas. Una de ellas puede ser: ¿es un estudio confiable? En este artículo lo explicamos con palabras simples, apoyándonos en estudios científicos.


¿Qué es la cistouretrografía y para qué se usa?

La uretra es el conducto por donde sale la orina. Cuando ese conducto se achica en algún tramo (lo que se llama estrechez o estenosis uretral), el chorro de orina se debilita, cuesta orinar, o hay infecciones a repetición.

Para planear el tratamiento, el urólogo necesita saber tres cosas:

  1. Si hay una estrechez.
  2. Dónde está ubicada.
  3. Cuánto mide (su longitud).

La forma más usada para obtener esta información es inyectar un líquido de contraste por la uretra y hacer una radiografía en tiempo real. Eso es la cistouretrografía, y es desde hace muchos años el estudio de referencia para esta enfermedad. (Si quiere conocer en detalle cómo se hace el estudio paso a paso, lo invito a leer el artículo completo sobre cistouretrografía).


El problema: la misma cistouretrografía, leída por dos personas distintas, puede dar dos resultados distintos

Aquí viene lo importante, y lo que muchas veces no se explica: la calidad de la información que da esta placa depende muchísimo de quién la hace y quién la interpreta.

Un estudio con 397 pacientes comparó cómo el urólogo que hacía el estudio interpretaba las placas, contra cómo las interpretaba un radiólogo que solo veía las imágenes, sin haber estado presente al momento de hacer el estudio. El resultado fue muy claro:

  • Solo la mitad de los informes hechos por el radiólogo tenían toda la información necesaria (si hay estrechez, dónde y cuánto mide). El urólogo que hizo el estudio, en cambio, siempre la completó.
  • El radiólogo acertó la ubicación de la estrechez en apenas la mitad de los casos, mientras que el urólogo acertó en casi todos.
  • En 1 de cada 4 casos, una estrechez que el radiólogo había medido como corta (2 cm o menos) en realidad medía más de 2,5 cm. Esa diferencia no es un detalle: puede cambiar por completo el tipo de cirugía que se necesita, pasando de una operación simple a una mucho más compleja con injerto.

¿Esto significa que el radiólogo no sabe hacer su trabajo? No. Significa que el urólogo que va a operar al paciente sabe exactamente qué información necesita extraer de ese estudio para planificar la cirugía, mientras que quien no participa de ese proceso no tiene forma de saber qué detalle puede ser decisivo.

Otro estudio, publicado en 2023, evaluó qué tan de acuerdo estaban distintos urólogos (todos con más de 10 años de experiencia) al leer las mismas placas. Incluso entre especialistas, el acuerdo sobre la longitud, la ubicación y el diámetro de la estrechez fue de «pobre» a «moderado». Es decir: interpretar bien una uretrografía no es automático, requiere entrenamiento específico.


Para poder «leer bien» la cistouretrografía también importa cómo se hace el estudio

Otro punto clave que muestran las investigaciones es que el resultado del estudio depende de detalles técnicos muy finos durante el procedimiento:

  • La posición del paciente, el ángulo de la cadera y de la pierna.
  • La cantidad de contraste y la velocidad con la que se inyecta.
  • El estiramiento del pene durante la placa: un estudio en particular demostró que, en las estrecheces cercanas a la zona más móvil de la uretra, la longitud medida de la estrechez puede aumentar en más de un tercio según se estire o no el pene al momento de la placa. Es decir, la misma estrechez puede «verse» bastante más larga o más corta dependiendo de ese simple gesto.
  • Reconocer estructuras normales de la uretra (glándulas, conductos) para no confundirlas con una enfermedad.

Todo esto explica por qué distintas investigaciones coinciden en un mismo hallazgo: en general, este estudio tiende a subestimar cuánto mide realmente la estrechez, en comparación con lo que se encuentra después, durante la cirugía. Esa subestimación es aún mayor cuando quien hace o interpreta el estudio no es el mismo especialista que después va a operar.


Una limitación que tiene la cistouretrografía en sí misma

Hay algo más que es importante que sepa, y que no depende de quién haga el estudio ni de cuán prolija sea la técnica: la uretrografía es una imagen en dos dimensiones de un órgano que, en la realidad, es un tubo con volumen, curvas y un revestimiento interno. Por más que el estudio esté hecho por la persona correcta y de la forma correcta, esa «foto plana» nunca va a mostrar el 100% de lo que hay.

Por eso, incluso con el mejor estudio posible, muchas veces la estrategia quirúrgica termina de definirse recién en el quirófano, cuando el cirujano puede ver y tocar directamente el tejido. Esto no significa que el estudio «sirva poco»: al contrario, un buen estudio previo es justamente lo que permite ir a la cirugía con un plan A y un plan B ya pensados, en lugar de improvisar sobre la marcha. La diferencia entre un estudio preciso y uno impreciso no es «saber todo de antemano» —eso ningún estudio lo garantiza—, sino llegar a la cirugía con la mejor información posible para anticipar los escenarios más probables.


¿Por qué importa tanto esto para usted como paciente?

Porque la longitud y la ubicación exacta de la estrechez definen qué cirugía conviene. No es lo mismo cortar el segmento enfermo y volver unir los dos extremos sanos de la uretra, que una reconstrucción con un injerto de tejido. Planificar mal la cirugía puede significar:

  • Una cirugía más larga o más compleja de lo previsto.
  • Un mayor riesgo de emplear la técnica incorrecta y de que la estrechez vuelva a aparecer.
  • Tener que repetir estudios o, en el peor de los casos, repetir una cirugía.

Entonces, ¿qué significa esto en la práctica?

Que la cistouretrografía no es un estudio de rutina que pueda hacerse e interpretarse de cualquier forma. Es un procedimiento donde la experiencia de quien lo realiza —conocer la técnica exacta, saber cuánto estirar, reconocer cada estructura de su anatomía, y sobre todo, saber qué se está buscando— hace una diferencia real en el resultado.

Por eso, siempre que sea posible, lo más seguro para usted es que el mismo especialista que lo va a operar sea quien realice e interprete su uretrografía. No porque otros profesionales no sean capaces, sino porque la evidencia muestra, una y otra vez, que la información es más precisa cuando el operador y el intérprete conocen en profundidad el problema que están evaluando y son quienes van a tomar la decisión quirúrgica final.


En resumen

  • La cistouretrografía es el estudio de referencia para diagnosticar y planificar la cirugía de una estrechez uretral.
  • La forma en que se realiza (posición, técnica, estiramiento) y quién la interpreta cambian el resultado de manera importante.
  • Si es realizada por un radiólogo, o por un urólogo distinto al que lo va a operar, la información puede ser menos precisa, en especial en la medición de la longitud de la estrechez uretral.
  • Esa precisión es clave para elegir la cirugía correcta desde el principio, evitar tener que repetir estudios y prevenir las sorpresas en el quirófano.

¿Ya le hicieron el estudio en otro lugar?

Si ya tiene una uretrografía hecha y quiere una segunda opinión sobre el resultado, o simplemente desea conversar sobre su caso antes de decidir un tratamiento, puede agendar una consulta aquí. Trabajo en la ciudad de Bahía Blanca y atiendo a pacientes de la ciudad y la región.

Dr. Jordán Scherñuk – Urología

Dr. Sixto Laspiur 425, Bahía Blanca, Buenos Aires (B8000AUI)

Tel: +54 291 527-2983

Cómo llegar

Bibliografía

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica. Está basado en evidencia publicada en revistas científicas de urología y radiología.

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