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Incontinencia urinaria masculina: 10 mitos que retrasan el tratamiento

Introducción

Muchos hombres que pierden orina tardan años en consultar. No es por falta de interés en resolverlo: es porque están convencidos de que no hay nada que hacer, de que es el precio inevitable de haberse operado de la próstata, o de que lo que les pasa es lo mismo que le pasa a todo el mundo.

Esas creencias tienen un costo concreto. Cada mes que pasa es un mes de apósitos, de calcular dónde queda el baño antes de salir, de dejar de hacer cosas que antes hacía sin pensarlas.

La mayoría de esas creencias son falsas. Empecemos por la que genera más confusión de todas.

Mito 1: «Toda pérdida de orina en el hombre es la misma cosa»

Este es el mito que más consecuencias tiene, porque lleva a tratamientos que no van a funcionar nunca.

Hay maneras muy distintas de perder orina y cada una tiene un origen diferente:

  • Pérdida al hacer fuerza. Se escapa al toser, estornudar, levantar algo o al pararse de la silla. Suele deberse a que el esfínter, el músculo que cierra la salida de la vejiga, no cierra del todo. El problema está en el cierre.
  • Pérdida con urgencia. Aparecen unas ganas repentinas e imposibles de aguantar, y no se llega al baño. Acá el esfínter puede estar perfecto: el problema está en la vejiga, que se contrae cuando no corresponde.
  • Pérdida por rebosamiento. La vejiga no logra vaciarse y rebalsa. El goteo es casi constante, el chorro suele ser débil y queda la sensación de no haber terminado. El problema es una obstrucción, o una vejiga que perdió fuerza para vaciar.

Son tres cuadros distintos que se tratan de manera distinta. Un hombre cuya vejiga no vacía y rebalsa no va a mejorar con ejercicios de piso pélvico, por más que los haga perfecto durante un año. Y un hombre con urgencia no necesita una cirugía de esfínter.

Conviene agregar algo que suele pasarse por alto: después de una cirugía de próstata, un chorro débil con goteo también puede deberse a una estrechez en la zona operada, y no a la vejiga ni al esfínter. Es otra causa más, con otro tratamiento.

Distinguir entre todas estas posibilidades requiere una consulta, un examen y, en muchos casos, un estudio que mida cómo funcionan la vejiga y el esfínter mientras se llenan y se vacían.

Todo lo que sigue en este artículo se apoya en esta distinción.

Mito 2: «Cualquier cirugía de próstata deja incontinente»

Acá hay una confusión muy extendida, y es comprensible: el paciente escucha «operación de próstata» y no tiene por qué saber que existen dos cirugías completamente distintas.

Cuando la próstata está agrandada y obstruye la salida de la orina, la cirugía no extrae la glándula: libera el canal por donde pasa la orina. Es lo que ocurre con la resección, el láser o la enucleación. El mecanismo de cierre queda en su lugar, y la incontinencia permanente por daño del esfínter no es lo habitual (aunque puede ocurrir).

Lo más común es que después de una cirugía por próstata agrandada las pérdidas se produzcan luego de sentir un deseo súbito de orinar. En estos casos, puede emplearse una medicación específica ya que el mecanismo más frecuente es una contracción indebida de la vejiga.

Cuando hay un cáncer de próstata y se indica una prostatectomía radical, se extrae la glándula completa, y el esfínter queda prácticamente pegado a la vejiga. De acá proviene la mayoría de las incontinencias que persisten en el tiempo.

Mito 3: «Se me escapan unas gotas después de orinar, entonces tengo incontinencia»

Esta es una de las consultas más frecuentes, y en la enorme mayoría de los casos no se trata de incontinencia.

La situación típica: termina de orinar, se acomoda la ropa, camina unos pasos y siente que se moja. Se llama goteo posmiccional y tiene una explicación mecánica sencilla. La uretra masculina es larga, y al terminar de orinar queda algo de orina retenida en su porción más profunda, por debajo del esfínter. Al moverse, esa orina baja.

No es una falla del cierre ni de la vejiga. Es orina que quedó por debajo del punto de control.

Se maneja con una maniobra simple: al terminar de orinar, presionar suavemente con las yemas de los dedos por detrás del escroto y deslizar hacia adelante, para vaciar ese último tramo antes de acomodarse la ropa. Suena elemental, y sin embargo resuelve un problema que muchos hombres llevan años escondiendo.

Vale la pena consultarlo igual. No porque sea grave, sino porque saber que no es incontinencia evita meses de preocupación, y porque conviene confirmar que efectivamente se trata de esto y no de algo distinto.

Mito 4: «Después de la cirugía es normal perder orina, ya se va a arreglar solo»

Este mito es mitad verdad, y por eso es tan persistente.

Es cierto que perder orina en las primeras semanas o meses después de una prostatectomía radical es esperable, y es cierto que la mayoría de los hombres mejora de manera espontánea durante ese período. Por eso, al principio, la indicación correcta suele ser rehabilitar y esperar, no operar.

Lo que no es cierto es que esa mejoría continúe indefinidamente. Llega un punto en que se estabiliza. Si pasado aproximadamente un año la pérdida sigue igual, es poco probable que siga mejorando por su cuenta.

La distinción que importa es esta: una pérdida al mes de operado es parte de la recuperación. La misma pérdida al año y medio ya no es recuperación, es una incontinencia establecida. Y las incontinencias establecidas tienen tratamiento.

Esperar durante un plazo definido tiene todo el sentido. Esperar indefinidamente no es una estrategia.

Mito 5: «Ya pasaron varios años, ahora ya es tarde»

Esto es directamente falso, y es el mito más caro de todos.

Los tratamientos para la incontinencia masculina no tienen fecha de vencimiento. Un hombre que perdió el control hace ocho años puede tratarse con las mismas opciones y con expectativas parecidas a las de alguien que lo perdió hace dos. El tejido no se echa a perder por haber esperado.

Si usted está leyendo esto y hace años que convive con el problema, el tiempo transcurrido no lo descalifica para nada.

Mito 6: «Los ejercicios de Kegel lo solucionan todo» (y su opuesto: «no sirven para nada»)

Estos dos mitos son espejo uno del otro y los dos son incorrectos.

La rehabilitación del piso pélvico sirve, y es el primer paso del tratamiento en casi todos los casos. Ayuda a recuperar el control más rápido después de la cirugía y, en pérdidas leves, muchas veces alcanza.

Pero tiene dos límites importantes:

  • No alcanza para todos. Si el esfínter quedó dañado, ningún ejercicio va a reconstruirlo. Los ejercicios fortalecen lo que está, no reemplazan lo que falta.
  • Hay que hacerlos bien. Es muy común contraer el abdomen, los glúteos o apretar las piernas creyendo que se está trabajando el piso pélvico. Hecho así, además de no ayudar, puede empeorar la pérdida. Por eso conviene que los enseñe un kinesiólogo entrenado en piso pélvico, al menos durante las primeras semanas.

Que los ejercicios no le hayan resuelto el problema no significa que usted los haya hecho mal, ni que no haya otras opciones.

Mito 7: «Tiene que haber alguna pastilla para esto»

Depende enteramente del mito 1, y por eso vale la pena separarlo.

Si lo que hay es urgencia, es decir una vejiga que se contrae cuando no debe, existen medicamentos que ayudan y suelen ser el primer paso, junto con cambios de hábitos y rehabilitación.

Si lo que hay es una falla del esfínter, no hay hasta hoy ninguna pastilla que reconstruya un mecanismo de cierre que quedó dañado. Ningún medicamento va a cerrar lo que quedó abierto.

Esto explica una situación frecuente y frustrante: el paciente que probó varios remedios sin ningún resultado y concluye que su caso no tiene solución. También conviene decirlo: no hay suplementos ni productos naturales con eficacia demostrada para la incontinencia masculina.

Mito 8: «Tomo menos líquido y voy al baño por las dudas, así no me pasa»

Son las dos conductas que los pacientes adoptan por su cuenta, y las dos empeoran el cuadro.

Tomar menos líquido. La orina se concentra, y la orina concentrada irrita la vejiga. Una vejiga irritada genera más urgencia. Además, la restricción de líquidos favorece las infecciones urinarias y la constipación, y la constipación aumenta la presión sobre el piso pélvico. Son tres mecanismos jugando en contra.

Ir al baño preventivamente. Orinar sin ganas, por las dudas, cada vez que pasa cerca de un baño, parece prudente y es contraproducente. La vejiga se acostumbra a vaciarse con volúmenes cada vez más chicos y empieza a avisar antes. Con el tiempo, la capacidad útil se reduce y el paciente queda más atado al baño que al principio. Creyendo que se cuida, está entrenando el problema.

Lo que sí sirve es distribuir el líquido de otra manera a lo largo del día, moderar café, alcohol y bebidas con gas, y espaciar las micciones de a poco y de manera guiada. Eso es distinto de dejar de tomar agua.

Mito 9: «Si me opero de la incontinencia voy a quedar impotente»

Este mito nace de confundir dos cirugías completamente distintas.

Las dificultades de erección que muchos hombres tienen después de una prostatectomía radical se deben a esa cirugía, porque los nervios que intervienen en la erección pasan justo al lado de la próstata. No se deben al tratamiento de la incontinencia.

Los procedimientos que se usan para tratar la incontinencia masculina trabajan sobre la zona de cierre de la uretra, no sobre esos nervios. Tratar la incontinencia no agrega un problema eréctil que no estuviera ya presente.

En términos de vida sexual suele ocurrir lo contrario: resolver la pérdida de orina elimina uno de los motivos más frecuentes por los que un hombre evita la intimidad después de operarse de la próstata.

Mito 10: «El esfínter artificial es algo experimental, y con radioterapia previa ni siquiera se puede»

Dos creencias que conviene separar.

El esfínter urinario artificial no es experimental. Se usa hace décadas y es el tratamiento de referencia para las pérdidas moderadas a importantes. Es un dispositivo que se coloca en una cirugía y que el propio paciente maneja: para orinar acciona un pequeño mando, la salida se abre y después vuelve a cerrarse sola. Requiere destreza manual suficiente y capacidad de aprender a usarlo, y eso se conversa antes de indicarlo. Como todo dispositivo, con los años puede necesitar un recambio; esa información forma parte de la decisión y no es motivo para descartarlo.

Para pérdidas más leves existen otras alternativas, como los cabestrillos masculinos, que no requieren ningún manejo por parte del paciente.

Haber recibido radioterapia no cierra la puerta. Cambia el escenario: modifica cuál es la opción más conveniente, exige más cuidados y obliga a conversar las expectativas con más detalle. Pero un antecedente de radioterapia no convierte a nadie en un paciente sin opciones. Sí es una información que su urólogo necesita conocer desde la primera consulta.

Lo importante en una frase

No toda pérdida de orina en el hombre es igual, y tratarlas todas del mismo modo es la razón principal por la que muchos tratamientos fracasan. Determinar de qué tipo de pérdida se trata es lo que abre las opciones reales, sin importar cuánto tiempo haya pasado.

Cuándo conviene consultar

Conviene pedir una consulta si:

  • Pasó aproximadamente un año de su prostatectomía y sigue perdiendo orina.
  • Se operó por próstata agrandada y quedó con urgencia o escapes.
  • Usa apósitos todos los días y ya lo incorporó como algo definitivo.
  • Probó medicación sin ningún resultado.
  • Le dijeron que no había nada para hacer y nunca le explicaron por qué.
  • El chorro es débil, siente que no vacía del todo y además gotea.
  • Dejó de hacer actividades por miedo a un escape.

Consulta en Bahía Blanca

Soy urólogo especializado en cirugía reconstructiva genitourinaria, con formación específica en incontinencia urinaria masculina. Atiendo en Bahía Blanca, en VITA Consultorios (Sixto Laspiur 425), los días jueves de 16:00 a 20:00.

En la consulta se evalúa qué tipo de pérdida tiene, cuál es su causa y qué opciones concretas existen en su caso particular.

Dr. Jordán Scherñuk – Urología

Dr. Sixto Laspiur 425, Bahía Blanca, Buenos Aires (B8000AUI)

Tel: +54 291 527-2983

Cómo llegar

Puede consultar también el resto de los materiales y guías para pacientes disponibles en este sitio.

Preguntas frecuentes

¿Todas las pérdidas de orina en el hombre son iguales?

No. Puede perderse orina al hacer fuerza, por una urgencia imposible de contener, o por goteo cuando la vejiga no vacía bien y rebalsa. Cada una tiene un origen distinto y un tratamiento distinto, por eso es necesario determinar de cuál se trata antes de indicar cualquier cosa.

¿Toda cirugía de próstata deja incontinente?

No. En la cirugía por próstata agrandada no se extrae la glándula, sino que se libera el canal, y la incontinencia permanente por daño del esfínter no es lo habitual. En la prostatectomía radical por cáncer se extrae la glándula completa y se pierde parte del mecanismo de retención, de donde proviene la mayoría de las incontinencias persistentes.

¿Por qué se me escapan unas gotas después de terminar de orinar?

Habitualmente se trata de goteo posmiccional, no de incontinencia. Queda orina retenida en la porción profunda de la uretra, por debajo del esfínter, y baja al moverse. Se maneja vaciando ese último tramo con una presión suave por detrás del escroto antes de acomodarse la ropa.

¿Es normal perder orina después de una operación de próstata?

Es esperable en las primeras semanas o meses tras una prostatectomía, y en la mayoría de los casos mejora progresivamente. Si persiste aproximadamente al año sin cambios, ya no se trata de una recuperación en curso y corresponde evaluarla.

¿Hay alguna pastilla para la incontinencia masculina?

Depende del tipo de pérdida. Para la urgencia existen medicamentos que ayudan. Para una falla del esfínter no hay ningún medicamento que reconstruya el mecanismo de cierre, ni suplementos con eficacia demostrada.

¿Se puede tratar la incontinencia si pasaron varios años o si recibí radioterapia?

Sí en ambos casos. El tiempo transcurrido no reduce las opciones. La radioterapia previa modifica cuál es la alternativa más conveniente y exige más cuidados, pero no impide el tratamiento.

Referencias

  1. Sandhu JS, Breyer B, Comiter C, et al. Incontinence after Prostate Treatment: AUA/SUFU Guideline. J Urol. 2019.
  2. Burkhard FC, Bosch JLHR, Cruz F, et al. EAU Guidelines on Urinary Incontinence in Adults. Arnhem: EAU Guidelines Office.
  3. European Association of Urology. Guidelines on Management of Non-Neurogenic Male Lower Urinary Tract Symptoms. Arnhem: EAU Guidelines Office.

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